¿Cómo era Jesús y cuál fue su filosofía de Vida?

Con la aparición de Jesús se resaltan otras virtudes importantes con loque el tema de la obediencia adquiere menor relevancia. Jesús predica principalmente a favor del amor hacia Dios y hacia el prójimo dándole prioridad a estas acciones sobre otras leyes. Cuando en Mateo 22: 36 le preguntan sobre el mandamiento más importante de la ley y Jesús responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el gran mandamiento, el primero. Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” Este amor no se basa en la reciprocidad, ya que Jesús nos enseña a amar a nuestros enemigos, a los que nos odian y a los que nos persigue. En estas enseñanzas no solo se enaltece el amor desinteresado, sino también la virtud del “sacrificio”. 

La misma que se hace mucho más evidente durante el relato de la crucifixión donde, después de varias torturas, humillaciones y dolor, Jesús se sacrifica para el perdón de nuestros pecados. Posterior a la muerte de Cristo los cristianos pasaron por grandes sufrimientos debido a que eran perseguidos por sus creencias. Sin embrago, en el año 313 el emperador Constantino promulgo el Edicto de Milán donde daba fin a la persecución de los cristianos. A principios del año 380 se proclamó otro edicto, el de Tesalónica, en el que se declaraba al cristiano como la religión oficial del Imperio Romano. Esto fue determinante para que el movimiento cristiano se convirtiera en una institución que se expandía por todos los territorios conquistados por el imperio. Al convertirse el cristianismo en la poderosa religión oficial de un imperio expansionista se desarrollaron nuevas tendencias ideológicas que dieron una forma nueva a su filosofía sobre la virtud y el pecado. 

Una vez que la iglesia cristiana se desarrolló como una institución con cierto grado de poder comenzó un periodo histórico conocido como la patrística. Esta época se destaca por la fuerte influencia de la filosofía griega, especialmente la de platón, sobre el pensamiento cristiano. En ese periodo surge las virtudes teologales caracterizadas por ser las que todo buen cristiano debe tener: Fe, Esperanza y Caridad. Jesús proclamaba la cercanía del reino de Dios como buena nueva. Quizá nada explica mejor en los evangelios el reino de Dios, tan sencillamente o tan bien, como la oración que Jesús enseñó a sus seguidores. “Venga tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo” (Mateo 6,10). Dios reina en la tierra donde se hace la voluntad de Dios aquí con el mismo pleno y completo respeto como en el cielo. Entre los judíos de su tiempo, la llegada del reino de Dios significaba que ahora Dios estaría ocupándose de los asuntos del mundo. 

Sería un acontecimiento histórico, en esta tierra, cuando el bien y el mal serían separados de una vez por todas. Los que se juzgaran como justos, serían recibidos en una vida de abundancia permanente y llena de paz. Los injustos se encontrarían con su destino. Seguramente habría muchos que o estaban esperando o temiendo la llegada del reino de Dios. No es sorprendente que tanto la sorpresa como la consternación esperaran a Jesús cuando proclamaba la cercanía del reino de Dios a través de sus palabras y acciones. Mientras que Jesús advertía sobre el juicio cercano, urgía a los pecadores a unirse a él en la celebración de la llegada. El reino de Dios significaba perdón para quienes lo pidieran. Significaba curación para los enfermos y los discapacitados. Significaba la restauración a la convivencia para aquéllos que habían sido alejados por impuros (ver Mateo 11,2-6; Lucas 15,1-2). 



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