La virtud en el cristianismo

 

La moralidad y el cristianismo están conectados en la Biblia de forma principal por los mandamientos de Dios que pueden ser vistos desde el primer libro de la Biblia: el Génesis. En el capítulo 2 del Génesis, Dios prohíbe a Adán y a Eva que coman del árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, sin embrago, ellos desobedecen esta orden por lo que son castigados con la expulsión del paraíso, donde padecen de sufrimientos usualmente presentes en la vida humana de la actualidad. 

Ante esto es posible apreciar que el libro sagrado del cristianismo nos muestra que para Dios lo “bueno” implica la obediencia al ser supremo mientras que lo “malo” sucede al desobedecer. Si tenemos en cuenta que la desobediencia es el “pecado original” entonces la virtud original sería su contrario: la obediencia. “El bien se identifica con la voluntad santa de Dios. 

La obligación moral del hombre es obedecer a Dios, y la buena conducta es la que él aprueba” (Lacueva, 1975) Existen otros pasajes que realzan la importancia de la obediencia como virtud reclamada por Dios. Otro episodio bíblico donde se constata la importancia de la obediencia como virtud principal del cristianismo, es el pasaje del Génesis, capítulo 22, donde el ser supremo pone a prueba la obediencia de Abraham, exigiendo que sacrifique la vida de su propio hijo. 

Aunque el homicidio se detuvo en el último momento, lo resaltable del relato es el nivel de obediencia exigido por Dios. Posteriormente se presentan las tablas de los 10 mandamientos en el libro del éxodo (capítulo 20). Estos mandamientos son leyes otorgadas por Dios a Moisés que deben ser obedecidas. En la ética cristiana el bien se suele identificar con la voluntad de Dios. 




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